El diagnóstico de los TP

Para poder encontrar los TP en las personas que de un forma u otra llegan a la consulta de un  psicólogo o psiquiatra hay que querer y saber buscarlos. Se requiere además una buena formación y conocimiento específico de cada uno de los TP y tener alguna experiencia clínica con estos pacientes. Siempre se pueden encontrar síntomas que se parezcan a una depresión, un trastorno de ansiedad, de alimentación, de abuso de sustancias etc. Por lo que si no se va más allá, el diagnóstico se puede quedar en alguno de los trastornos anteriores, en la superficie de los síntomas actuales. Si se quiere encontrar un TP hay que “investigar”, “ mirar debajo de la cama” como explica Roger Blashfield (2001) en una metáfora para ilustrar lo “fácil” que puede ser diagnosticar un TP . Hay que tomarse el tiempo suficiente. Hay casos en que puede tardarse meses en descubrir un TP; otras veces se percibe en una primera sesión y aún así hay que dejar tiempo para comprobar y madurar esa primera intuición. Tres importantes instrumentos de evaluación son:  el interés, la atención y la paciencia para entrar en el mundo de esa persona y en su estructura de funcionamiento.
Después, los cuestionarios, entrevistas y demás pruebas diagnósticas pueden ayudar sin duda a afinar más en el tipo de TP y corroborar, o no las sospechas del profesional.

 

¿ Porqué es importante el diagnóstico?

Los TP en general se diagnostican poco. En los últimos años se han empezado a diagnosticar mucho más algunos TP como el Límite y antisocial, pero el resto no están apenas representados.
Si tenemos en cuenta que el diagnóstico es la base sobre la que se ha de basar la intervención farmacológica y psicológica, el apoyo a la familia, el pronóstico y la orientación en decisiones a medio y largo plazo que afecten a la persona; es probable que nada de todo eso se ajuste a las necesidades reales de la persona si no se ha realizado previamente un diagnóstico fiable. También se alarga y complica mucho más la búsqueda de soluciones.
Los trastornos que “no se diagnostican” “no existen” y eso significa que no se tratan, no se investiga en ellos, no se les dedican medios o no aparecen publicaciones y acaban “muriendo” a nivel teórico, pero las personas que los padecen siguen ahí.
Toda persona tiene derecho a que se le informe sobre su diagnóstico y características del mismo. Para ello es necesario que se haya realizado dicho proceso evaluativo con las mínimas garantías.
Los TP también pueden llegar a ser muy diferentes entre sí por lo que no es suficiente con diagnosticar un TP sino que hay que poder acercarse a cúal de ellos se trata porque puede haber diferencias significativas en cuanto a los factores biológicos o ambientales que hay detrás, en cuanto al tratamiento, evolución y pronóstico.